Tierra y Dolor, Madre

Escribo  desde el amor este impulso que me mueve a despertar y a escuchar el discurso del agua que me aviva.

Me siento pez al volar y pájaro en las ramas del azar, piedra dura en el salto de la rana que cae veloz hacia las nubes –y regresa- sorprendiendo a las estrellas.

Me alegro y vivo en el paisaje que recorre mi ánimo al moverse. Y en el canto a la tierra que se gesta.

GRITO desde los tuétanos valientes  Soy………YO        Soy           Yo todos los seres a los que veo y siento que despiertan mis humores y mis celos, que me llaman desde el éxtasis eterno de fluir hacia el presente y ser el trago. El buchito que me anula el pensamiento.

Yo soy pájaro en la pluma que hace al viento y gota que en el agua del rocío resuena y se regoza brillante en el eco de su esfera.

Mi alma en la montaña se acumula como la gota del  caudal que lleva el río, y me brotan manantiales infinitos del más puro sentimiento hacia la tierra.

Los pájaros veloces me sostienen, pues mirarles por las ramas de los cielos me hace erguirme y si me yergo el latido de las plantas más extremas se hace uno con el ritmo que me acuna,  aquí en el cuello.

Y en el frescor de la mañana recién puesta que aún canta el titilar de las estrellas renazco libre sin madre que me expulse del calor y el latido de su cuerpo.

La abundancia y el verdor de cada hoja  se ordenan  en el tallo  y en él dibujan  instantes que me proclaman. Me construyo ante su sabia captación entregando también mis efluvios solares y florales.

Así me tejo y entretejo a la mañana en el útero espasmódico del valle y me yergo con el vuelo y me entronco en esta madre que me huye y da la espalda a cada instante.

Y a despecho de mi impulso de enfadarme sin prestar atención a mi bagaje, ni a lo intenso de mi amor que ya me abrasa.

Ni al desgarro de mi alma por gritarle.

Desvivida y destrozada de mí misma, melosa y zalamera como nadie me seduce esta vez con las cigüeñas y se ríe con mi sangre en las cerezas.

Madre es el lugar que busco, al que tienden mis venas la trampa intrincada que me enreda.

Me provoca el amor más verdadero y la rabia más fiera que me mata. Porque me atrae desde el canto del alto chopo con el gorgojeo del gorrión que con su pluma escribe hoy este nuevo día zalamero.

Y porque me huye sin piedad en cada fiesta, se escabulle cuando yo me pongo guapa, disimula la maestría de su encanto y se calla en la inocencia del paisaje.

Así he pasado los días de mis años infinitos en el Valle de Laciana, bajo el puente de los ríos del arcángel, caminando los prontos de mi alma que prepara otra aventura Kamikaze para mirarte a los ojos fijamente y pedirte que te atrevas a decir la verdad de lo que sientes, que me bufes y sacudas de las dudas y las muertes.

Ya de nuevo la locura me resbala por los dedos y me crispa los tendones, asfixiando el movimiento y así acaban nuestros frustrados intentos de encontrarnos si yo despierto. Es más dolor del que me puede el absurdo desgarro que el hombre evita con la elegancia que le permiten los diseños de sus múltiples disfraces.

Me desnudo de diseños, te entrego todos mis años y mis sueños y me hago niña de nuevo ¡amando esta taza de cielo que es tu valle! Y el en vuelo de mi movimiento siento a cada momento como camina el cielo azul a medirse con mis pasos ¡y se hace grande!. Y a la vuelta al cuerpo que llamo casa veo al duende del manzano susurrando en mi ojo derecho palabras planas, jardines encantados , monjas encerradas para volar más lejos, monjes de los huertos y ermitaños. Toda su experiencia mística haciendo celdas, panales de abejas que llevo dentro formándome los huesos, construyendo el momento.

Y por hoy de nuevo madre y  desmadrada hacemos  las paces pues ya la noche trajo el sueño.  Descansamos del esfuerzo del  desvelo. Yo te quiero despierta y tú sólo me acunas si duermo. Me rebelo inconsolable y tu huyes de la mente que te impongo ¿no ves el mismo palpitar del corazón sangrante que te anhela? 

No dejes de huirme, no dejaré de buscarte. El temido encuentro es la promesa y el castigo de la breva que no conoce al higo, del palo que olvidó la rama, del ojo que la luz azota.

Yo quiero verte a ti mientras tú  te pierdes en mi espejo. El  juego del escondite de nuevo.