Hada es una palabra que viene del latin "fatum"

Hada es una palabra que viene del latin fatum, destino. Pensamos en las hadas y tenemos una diversidad de imágenes que con frecuencia  tienen que ver con hermosas presencias femeninas, algunas veces de tamaño ligeramente superior al humano cuyo vínculo con el acontecer  de este  las hace casi humanas pero cuya presencia  mágica y una valoración distinta las aleja enormemente. En formas más recientes y bajo la influencia del cine las hadas se identifican con pequeñas figuras etéreas y más aéreas que conviven en los bosques con los duendes.

A lo largo del tiempo la imaginería de lo que hemos nombrado como invisible va cambiando y adaptándose a creencias y formas de relación. Sin embargo persiste el impulso hacia el mundo invisible más inalterable que sus distintas apariencias.

De acuerdo a mi propia experiencia cuando nombro a los seres de las flores que aparecen además vinculadas al más exaltado y armónico sentimiento humano nombro a las Damas. Seres distantes que vienen como destino hacia mi cuando logro un importante nivel y armonía en mi misma, superando dificultades comunicativas con otros seres humanos y además mirando con ojos renovados a las flores.

El término hada lo necesito para nombrar el estado del ambiente que percibo como favorecedor del salto evolutivo en el que me atrevo a ser yo y a ver a mi manera, cuando el espacio-tiempo me reciben y reconocen.

A lo largo del tiempo en distintos círculos me han pedido que les ayude para que se les haga visible lo invisible. Por mi naturaleza de investigadora a través de la contemplación y en el máximo respeto a la esencia de todos los seres esta petición me hacía huir como de la quema, a pesar de que captaba la buena intención de los que me lo pedían. Recientemente he descubierto que para ver a los seres invisibles hay que hacerse visibles para ellos, destacando sobre la niebla de falta de consciencia habitual.

En el libro de Sir Arthur Conan Doyle en el que investiga el caso de las niñas que fotografiaron hadas, se cuenta que  cuando un teósofo clarividente está junto a las niñas que ven el corro de “hadas” y una de ellas le dice: “¿Verdad que son bellas?” en ese momento todas las “hadas” que danzan se convierten en horrorosos espectros. La verdadera visión de los espíritus de la naturaleza ha de darse fuera de la polaridad bien-mal, bello-feo, etc. De lo contrario en el momento que mencionamos una parte convocamos a la otra.

Creo en las Hadas, en las Damas y en muchos más seres que percibo cuando observo la naturaleza y observo a la vez observo mi propio proceso. Los percibo, recibo su comunicación en respuesta a mi esfuerzo por alcanzar los estados más elevados del proceso al que llamo conocimiento.

Todo lo que sé y lo que aprendo se basa en un ejercicio honesto de observación, de percepción y de lectura de la impresión que causan en mi las distintas expresiones vivas de la naturaleza y, sobre todo,  se convierte en algo que puedo expresar cuando ellas-ellos y Ello me inspiran y me ayudan. Me produce una gran alegría y me entusiasma porque me responden cuando se dan esos tres principios:

1.- Estoy superando mis propias limitaciones y usando mejor mis talentos
2.- Cuido mi comunicación con los coetáneos humanos
3.- Observo  la naturaleza y sus expresiones vivas a la par que observo mis propios procesos de conocimiento.

Entonces, ¡Eureka! Me ayudan y doy el salto conceptivo.

Aunque se han dicho muchas cosas ya sobre la reconciliación Oriente y Occidente y sobre la cooperación de los dos hemisferios es fundamental hacerlo de forma práctica e introducir el tercer elemento y los resultados.

Occidente ha estado mirando hacia afuera y elaborando teorías sobre el mundo y sobre todo lo que se le manifiesta fuera de sus ventanas. Oriente ha estado buscando la esencia del Ser interior.

El tercer elemento es la expresión adecuada de la interacción de ambos mundos en el acto del mutuo conocimiento. Esto significa que la naturaleza aprende a conocernos. Y  el resultado es el Mundo Vivo. Vivificamos el medio en el que hombre y naturaleza se enriquecen mutuamente.

En cada ser humano que usa bien sus facultades hay un equipo trabajando para conseguir el buen fin de despertar al hombre y al mundo hacia la evolución en consciencia y en mutua comunicación.

Buscamos y añoramos a seres mágicos, invisibles que se hagan visibles y buscamos a extraterrestres o terrestres extraordinarios porque el  mundo inerte y muerto nos pesa y fatiga.

No podemos solos con el peso y la responsabilidad de la inteligencia ni podemos con el peso de un mundo convertido en objeto y más muerto cada vez. La tendencia a la muerte anímica es difícil de superar. En medio de tanta muerte la vida es un milagro que se mantiene a duras penas.

Conozco a las Damas, hacia las que estiro mi voluntad y mi ánimo. Conozco a los duendes que me asombran con su inteligencia rápida y lúcida, se expresan con una precisión asombrosa describiendo lo que vivo y yo no sabría expresar. Conozco los estados en los que nos encontramos y sus leyes. No puedo vivir sin magia, porque sería como vivir sin amigos o sin caricias.

En una época en la que me encontraba bastante desconectada y estaba perdiendo el sentido de lo que hacía, un mes de Enero un duende me despertó diciendo: “Venga, a dormir de pie” mi cuerpo entero se revolvió hacia el mientras despertaba y le dije: “¿Sabes tú lo incómodo que es eso?” Entonces me desperté con el enfado grabado en mis células pero con mi ánimo espoleado y atento. Si durante el día lo que hago es dormir de pie porque no me entero de la mitad de lo que sucede es realmente algo más que incómodo, es una estupidez. 

Cuando imparto clases y hago observación de plantas con otras personas las “hadas” me visitan y capto su información en silencio, los duende siempre me hablan.